¿Es Viola di Grado la nueva Amélie Nothomb?

Foto Viola Di Grado - blue - cr+®dito Francesco Ruggeri¿Es Viola di Grado la nueva Amélie Nothomb?

“No. Adoro a Amélie Nothomb pero no sigo ningún modelo literario”, zanja vía mail Viola di Grado, la escritora siciliana de 23 años que acaba de publicar en España Setenta acrílico treinta lana (Alpha Decay). Pero lo cierto es que la salida de su libro en Italia ya hizo saltar las alarmas entre los medios literarios y de tendencias, que la vieron como la nueva dama de la literatura postadolescente. Y razones no faltaban. Como a la belga, Grado, ahora residente en Londres, admite su deuda con el orientalismo: “fundamentalmente me atrae el cine japonés, las estéticas tradicionales y el teatro. Y la filosofía china”. Y como en la Biografía del hambre, la novela de Viola también toma como eje central el hambre y la anorexia, solo que en este caso la protagonista queda afectada por un extraño caso de “anorexia verbal”.

Setenta acrílico treinta lana aborda el periplo de Camelia, que reside junto a un cementerio abandonado de Leeds, ciudad de “palacios victorianos y night-clubs ruidosos”. Con la muerte de su padre y el descubrimiento de su amante, la comunicación entre Camelia y su madre se rompe, de manera que ahora solo hablan a través de miradas. “Como aseguró el filósofo chino Zhuangzi, el lenguaje solo habla de nosotros, no puede hablar acerca del mundo. Para hablar sobre el mundo, uno tiene que olvidar el lenguaje, y esa era mi misión como escritora, utilizar el lenguaje sin caer en las trampas de los convencionalismos”, explica. “Aunque buscan salvarse a través del lenguaje, lo único que los personajes encuentran es la soledad.” Cubierta alta - Setenta acr+¡lico treinta lana - Viola Di Grado - Alpha Decay

Efectivamente no puede decirse que Camelia brille por sus habilidades sociales. Igual ocurre con Wen, quien impartirá a Camelia lecciones de chino y con la cual protagonizará una relación. En Setenta acrílico treinta lana, sus personajes nerds no celebran fiestas, adolecen de problemas para comunicarse, se integran en familias casi disfuncionales y se empeñan en trabajos alimenticios (Camelia, de hecho, se dedica a traducir manuales de lavadoras del italiano al inglés). Algo de esto recuerda al sonado Richard Yates del también veinteañero Tao Lin, celebrado este año como autor de la Generación iPhone. Con la importante salvedad, eso sí, de que Grado resiste en el mundo analógico.

A diferencia de la mayoría de autores de su generación, la italiana jamás ha tenido un blog: “guardo un diario en donde creo que está lo mejor que he escrito, pero nunca lo muestro. Odio Internet. El hecho de estar siempre disponible me aterra. Nunca tendré un iPhone. Me interesan más las señales de humo y las palomas mensajeras.” Para la escritora italiana resulta imposible establecer modelos generacionales. “Camelia corta y disecciona sus prendas en lo que ella refiere como cirugía antiestética, a fin de rebelares contra la posibilidad de compartir ningún tipo de identidad, ya hablemos de moda o algún ideal sobre la belleza.”

Foto Viola Di Grado - gato - cr+®dito Giuseppe Calabrese

Grado define su novela como «surrealismo hiperrealista», razón por la cual la ciudad de Leeds, vista por Camelia como un escenario apocalíptico, es el personaje con quien mejor relación guarda la autora. “Leeds es el único personaje que nunca busca ningún compromiso: cada invierno quiere ser el último. El tiempo está congelado en un diciembre interminable en el cual Camelia vomita cada palabra que pronuncia. A lo largo de todo el libro combate contra la tristeza de su vida, aunque al final regresa a las profundidades del invierno”. O como expresa la protagonista, “Leeds era el lunar purulento de un cuerpo inmenso y deslumbrante que me avergonzaba no haber descubierto antes.”
Fan declarada de Virginia Woolf, Peter Greenaway o Björk, Grado dice estar escribiendo una segunda novela que “vuela, habla y come carne humana”. Para cuando ponga el punto final, “abandonaré Londres y me marcharé a Islandia. Deseo pasar sola una buena temporada.”

tentaciones.elpais.com

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